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¿Cómo bebemos sidra? De las zapicas al vaso de cristal

La historia de la sidra tiene su origen mucho antes de la época de los romanos, incluso se dice que esta bebida ya era conocida por hebreos, egipcios y griegos. No obstante y con anterioridad a cualquier otro pueblo, la sidra ya era de lo más común entre los habitantes de Asturias. Desde el principio de su historia, los años de tradición sidrera en la región se cuentan por miles y, a pesar de tenerla como su centro gravitacional, la bebida ha pasado a ser consumida en cualquier parte del mundo.

Como ocurre con todo, las costumbres asociadas a la sidra han ido variando a lo largo del tiempo. Y esto no únicamente tiene que ver con su modo de preparación, sino también con el modo en el que es consumida. ¿Cómo bebemos sidra? Algo tan simple a primera vista como lo es el recipiente en el que se consume, ha evolucionado con los años hasta llegar al que hoy en día todos conocemos.

¿Una jarra de madera para beber sidra?

El vaso de cristal, por razones obvias, no era la opción más popular antaño. Un material mucho más rudimentario era utilizado para saborear este brebaje elaborado con el jugo fermentado de la manzana: la madera. ¿Alguna vez has oído hablar de las ‘zapicas’?

Las zapicas eran unas jarras realizadas íntegramente de madera, ¡de una sola pieza! Tenían un asa lateral y estaban fabricadas de forma totalmente artesanal. El castaño era la madera más común para su elaboración, aunque podías encontrar de diferentes clases. Asimismo, era habitual tanto verlas con una estética simple como con una gran ornamentación. Muchas de estas jarras eran verdaderas obras de arte, un trabajo titánico de artesanía que podía tallar en ellas desde formas de flores hasta figuras de toda clase. Por ello, estos recipientes aún hoy son muy apreciados por los coleccionistas (además de por su valor sentimental e histórico, claro está).

En el tiempo en el que las zapicas eran parte del día a día de los asturianos, éstas tenían varias utilidades, y no todas tienen que ver con la sidra. Además de utilizarse para medir el vino o la sidra, así como para beberla, éstas jarras comúnmente eran empleadas para recoger y medir la leche a la hora de ordeñar. Curioso, ¿verdad? No obstante, numerosos son los dichos populares asturianos que hacen alusión a la zapica por su utilidad con la sidra. Desde “Zapica que non ta llena, non merez la pena” hasta “Zapica d’agua nin empeña nin emborracha”. ¿Los habías oído antes?

El salto al vaso de cristal

La zapica comenzó a dejar de ser práctica para el consumo generalizado de sidra debido a lo complicado de su elaboración y a la aparición de nuevos materiales para la fabricación de recipientes. Entonces fue cuando comenzó una nueva costumbre: beber sidra en vasos de cristal. Además, lo más finos posible. ¡Un gran cambio!

El tradicional vaso de cristal para la sidra fue diseñado con boca ancha para que fuera posible apreciar mejor el aroma de la bebida, facilitando la introducción de la nariz en él. Para ello, sus medidas son de 12 cm de alto, 9 cm de boca y 7 cm de culo. Además, la finura de su cristal tiene un papel clave en el tradicional escanciado y en las sensaciones en la boca al beber. Y es que cuanto más fino sea, mejor romperá la sidra contra su borde y favorecerá la percepción de sus características organolépticas.

Sin duda, grandes cambios han pasado por la degustación de la sidra desde el origen de esta popular bebida. Y, por supuesto, ¡bienvenidos sean por ayudar a que disfrutemos más de ella!